Arturo Pérez Reverte acaba de publicar (La Nación, 31 de agosto) un apretado compendio de estereotipos turísticos, que reflejan también sus opiniones sobre los disciplinados japoneses, los alcoholizados ingleses, los ordinarios estadounidenses… y los españoles, a quienes ve a la vez avaros y generosos, ignorantes y altaneros, etc.
¡Suerte que los turistas argentinos y los israelíes – mis más cercanos por obvias razones de principio y fin de trayecto en este viaje turístico que es la vida – quedaron afuera!
El israelí que – tras devorar unas suculentas chuletas en la terraza de su amigo en Herzlia – comenta: “en Atenas las comí mejores”, o el argentino que ante el puesto de suflaki en la misma Atenas, pontifica “¡ni comparar con un sanguche de chorizo en la Costanera!”.
Ambos estereotipos de turista pasan por Paris sin saber quien fue Rodin, pero sin perdonar Printemps; ambos consiguen los bolsos Louis Vuiton (falsos, por supuesto) en el mercado de pulgas de Moscú, pero los muestran como si provinieran de la Casa Central – o al menos de la sucursal de Bruselas.
En Bal Harbour se los distingue fácil: son quienes gritan estentóreos “Shoshi” o “Susy” para llamar a sus esposas, mostrando una vitrina con precios inalcanzables, y luego degluten entres “hums” y “ohs” imposibles sándwiches de pollo picado.
El turista argentino aparenta ser un controlado en el gasto, cuando es un verdadero dilapidador – “¿por qué no fumar un cigarro de 25 dólares, si hemos ahorrado un 10 por ciento en la camisa de oferta?” – en tanto que su colega israelí pretende ser gastador, cuando luego demuestra ser positivamente mezquino: “no llegamos a los 100 dólares en la cuenta de la cena, ¿para qué dejarle propina a la camarera si no vamos a volver a este restaurante?”.
Pero, ambos estereotipos comparten una frase prototípica: al contarles que uno estuvo en Niágara Falls y confesar que no comió el desayuno especial del Denny”s, ambos te espetan: “¡Te perdiste lo mejor!”.
¡Menos mal que Pérez Reverte no se las tomo con los israelíes o los argentinos! ¡La de cosas que tendría para reírse!

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