¡Ahora sí podemos estar tranquilos!
En las noticias pequeñas de la prensa internacional ha aparecido en estos días una nota realmente tranquilizante: ¡ya nos estamos preparando para la próxima vez que un asteroide de tamaño significativo colisione con la Tierra!
Bueno. bueno, no se inquiete antes de tiempo… La última vez que ello sucedió en el pasado fue hace unos 65 millones de años, llevando a la extinción de los dinosaurios y tres cuartas partes de las otras especies que poblaban el planeta. Se salvó un proto-simio o lago así, que a la larga nos produjo a nosotros, los seres humanos. Uno puede pensar que no fue de lo mejor que había como para elegir, pero eso ya es otra historia.
Las buenas noticias son que, con la tecnología que tenemos hoy en día, estamos en condiciones de prever un nuevo choque con 15 años de antelación. La mala noticia, es que de momento no tenemos nada con que evitar la colisión, desviar su curso o destruir al eventual asteroide.
Eso sí, poseemos en la Tierra capacidad atómica suficiente como para hacer volar en pedazos nuestro planeta – que sería una forma de evitar su choque con el objeto espacial… y, si seguimos en ese curso – no de los giros estelares, sino de la irracionalidad humana -, es bastante probable que el asteroide llegue a nuestra vecindad pero no encuentre nada contra que chocar.
¡Un problema menos del que preocuparse! Ahora podemos dedicarnos a conseguir la paz mundial, eliminar las enfermedades, acabar con la proliferación nuclear, combatir la basura planetaria y evitar el calentamiento global, ya que el peligro de chocar contra una roca enorme no lo es tanto: nos alcanza con saberlo solo 15 años antes.
Esta historia me recuerda las instrucciones que en una época se daban para un posible ataque atómico: agáchese profundamente, meta bien la cabeza entre las piernas y despídase de su trasero… agregando – para este caso – “tómese su tiempo: tiene 15 años para practicar”.
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