Archivos para Noviembre 2008

¡Ahora sí podemos estar tranquilos!

¡Ahora sí podemos estar tranquilos!

 

En las noticias pequeñas de la prensa internacional ha aparecido en estos días una nota realmente tranquilizante: ¡ya nos estamos preparando para la próxima vez que un asteroide de tamaño significativo colisione con la Tierra!

 Bueno. bueno, no se inquiete antes de tiempo… La última vez que ello sucedió en el pasado fue hace unos 65 millones de años, llevando a la extinción de los dinosaurios y tres cuartas partes de las otras especies que poblaban el planeta. Se salvó un proto-simio o lago así, que a la larga nos produjo a nosotros, los seres humanos. Uno puede pensar que no fue de lo mejor que había como para elegir, pero eso ya es otra historia.

Las buenas noticias son que, con la tecnología que tenemos hoy en día, estamos en condiciones de prever un nuevo choque con 15 años de antelación. La mala noticia, es que de momento no tenemos nada con que evitar la colisión, desviar su curso o destruir al eventual asteroide.

Eso sí, poseemos en la Tierra capacidad atómica suficiente como para hacer volar en pedazos nuestro planeta – que sería una forma de evitar su choque con el objeto espacial… y, si seguimos en ese curso – no de los giros estelares, sino de la irracionalidad humana -, es bastante probable que el asteroide llegue a nuestra vecindad pero no encuentre nada contra que chocar.

 ¡Un problema menos del que preocuparse! Ahora podemos dedicarnos a conseguir la paz mundial, eliminar las enfermedades, acabar con la proliferación nuclear, combatir la basura planetaria y evitar el calentamiento global, ya que el peligro de chocar contra una roca enorme no lo es tanto: nos alcanza con saberlo solo 15 años antes.

 Esta historia me recuerda las instrucciones que en una época se daban para un posible ataque atómico: agáchese profundamente, meta bien la cabeza entre las piernas y despídase de su trasero… agregando – para este caso – “tómese su tiempo: tiene 15 años para practicar”.

 

 

 

El cambio de hora crea riesgo

Leemos en el periódico montevideano “El País” (09/11/08) que:

·        “Adelantar o retrasar la hora, como se hace en Uruguay en octubre y marzo, produce ahorro de energía, más rato de sol para los turistas, pero también aumenta el riesgo de padecer un infarto. Un estudio publicado ayer en la revista New England Journal of Medicine mostró que, en Suecia, durante los tres días posteriores al cambio de horario de primavera aumenta significativamente la tasa de infartos. Los autores, del Instituto Karolinska y del Panel Nacional de Salud y Bienestar, de Suecia, llegaron a esa conclusión tras evaluar la información el registro de infartos de 1987 a 2006. La explicación probable: el estrés y el período de adaptación del cuerpo al nuevo horario. ¿Qué conviene más?”

Me permitiré exponer una modesta tesis, basada en la observación científica (ver nota a pie de pagina sobre la validez de mi teoría) de la conducta de Kinamon – nuestra perra caniche color champagne.

Kinamon, llueva o truene, verano o invierno, despierta a la madrugada para diversas actividades fisiológicas, la primera de ellas es lamernos las manos, pies o cualquier otra extremidad de nuestro cuerpo que sobresalga de las cobijas.

No importa qué hora aparezca en el reloj o qué estación sea en el calendario, la madrugada para Kinamon es sagrada, y las actividades fisiológicas concomitantes, las que realiza fuera de casa, más sagradas aun.

Ahora bien, el cambio en el reloj no es un hecho natural ni fisiológico dictado por la sana mentalidad perruna; es una mera convención humana, que a nuestra perra la tiene sin cuidado. A nosotros, par contre, (ver nota “El frances me tiene loco”, en este mismo blog) nos agrega o quita una hora de sueño, según los casos y las temporadas.

La peligrosa combinación de una caniche (recuerde, color champagne) y desaprensivas horas en la madrugada creadas artificialmente sin nuestro control, puede ser mortal.

¡Cuidado!

¡Millones de suecos infartados no pueden equivocarse! ¡No se deje influir por el cambio de horario, dos veces al año!

Aprendamos de Kinamon… ¡y al demonio con el reloj! Como respuesta a la pregunta del diario (¿qué conviene más?)… ¡quédese en la cama!.

 

Nota a pie de pagina sobre la validez de una teoría científica basada en un solo caso… que además es una perra:

1.    El epistemólogo argentino Mario Bunge se mofa de las teorías científicas y pseudo-científicas que no tienen suficiente base experimental, discutiendo la validez de aquellas que tienen pocos casos estudiados… y a veces – como en el caso del psicoanálisis – ninguno.

2.    Quien no esté de acuerdo, que se queje a Mario Bunge…

 

APARECIDO EN LA REVISTA DE LA CAMARA DE COMERCIO ISRAEL-AMERICA LATINA

Yo y el agua (…sucia)

Por Joel Salpak

(Diplomático retirado, pero con sentido del humor)

Quienes leyeron las anteriores notas, saben por qué “yo” va al principio: pasemos a lo nuestro sin más presentación.

Nosotros los diplomáticos no debiéramos meternos en temas de política partidaria – digo, en general, porque en particular más de uno adelantó o retrasó su carrera por esos roces que suele tener el profesional con quienes le pagan el sueldo… y a buen entendedor, pocas palabras.

Sin embargo, haré pública mi simpatía por aquel ministro israelí de agricultura no hace mucho fallecido, que recomendó hace más de una década bañarse en pareja, para ahorrar agua.

Profético el ministro: ¡lea si no la revista virtual de Greenpeace, e inspírese!

“Ahorra agua en pareja

Hoy, cuidar el planeta nunca había sido tan erótico. Si eliges bañarte en pareja ahorrarás jabón y agua. Recuerda que más de 500 millones de personas no tienen acceso al agua limpia y corriente. Para ellos, lo que tú haces todos los días es un lujo. Si entonces es un lujo, definitivamente deberías compartirlo con tu compañer@ de cama. Esos pequeños grandes placeres siempre es mejor compartirlos.”

Embajadoreando cierta vez por un país latinoamericano, alguien me dijo “no nos falta agua, nos falta administración del agua”; el recurso escaso se puede limpiar, reciclar, ahorrar, racionalizar (¡ojo! ¡no confunda con racionar!) – y a lo largo de estas páginas podrá Ud. encontrar tecnologías e ideas.

Algunas no son tan divertidas como bañarse en pareja, reconozco, pero bastante eficientes, como por ejemplo la desalinización de aguas de mar o de pozo, las que se usan para reutilizar una y otra vez las aguas servidas, o las de limpiar de vez en cuando las tuberías.

Hasta  creo que las tecnologías llamadas “AOR”, “HDPE”,  “BWET” o “HEBS” pueden ser de gran utilidad… si yo entendiese las siglas. Espero que Usted, caro lector, si las entiende.

Cuando descubrí el método californiano de lavarse los dientes con solo un vaso de agua (¡vamos, no me diga que no lo conoce!) se abrió ante mí un mundo: pude oír las noticias de la radio sin escuchar el ruido del grifo, por ejemplo. También es cierto que los efluvios odoríficos de la planta recicladora de agua municipal a veces se perciben en las cercanías (vea Ud. que delicadeza en la redacción…) pero es preferible eso a volcar el agua al río y no reusarla regando plantitas en los jardines públicos.

Ni hablar de las plantas industriales, ya que de plantas hablamos.

Pero, ¡arriba el ánimo, que hay también cosas bonitas! Comiendo un club-sandwich sobre la acerca entoldada en el barrio art-decó de Miami, el fresco contrastaba con la calígine ambiental: una tenue llovizna salía de los tubitos del toldo, apenas un vaho fresco, y mejoraba inmensamente la sensación térmica. Los comensales discutíamos si el invento era israelí o japonés: daba igual  - era más barato y eficiente que cualquier sistema de aire acondicionado.

Ud. se dirá que hacía yo en el barrio art-decó de Miami…pero eso, como diría Kipling, es otra historia.

Premio a los tóxicos de la semana

 

La nota anterior, que trataba de tomar el pelo a los sesudos comentaristas de lo obvio – concentrándome en los que analizan el tema de “los tóxicos” – provocó distintas y contradictorias reacciones.

 

Unos defendían la tesis de la existencia de “tóxicos”, otros la negaban… Aunque mi intención no era hablar de los tóxicos, sino de los que hablan o escriben en los periodicos sobre los tóxicos sin saber a ciencia cierta de qué están hablando.

 

Entonces, caro/a lector/a, le invito a definir o ejemplificar al

 

TOXICO DE LA SEMANA.

 

Entre los votantes, se sortearan dos premios:

 

PREMIO AL TÓXICO ORIGINAL

y

PREMIO AL TÓXICO TRIVIAL

 

Nota:

 No se aceptan tóxicos identificados, sino ejemplos generales

 

Daré dos ejemplos orientadores:

 

1.    Tóxico original: el que no se limpia los pies en el felpudo al entrar a casa.

2.    Tóxico trivial: el que te interrumpe a los gritos en la oreja libre mientras estás hablando por teléfono.

 

¡ HAGAN JUEGO, SEÑORES !

¡ MANDEN SUS EJEMPLOS !

¡ LA FAMA LES ESPERA !

 

¿Se acuerda de la teoría del “flogisto”?

¿Se acuerda de la teoría del “flogisto”?

 

Se la refresco: hasta el siglo XVIII la química era muy rudimentaria, así que debieron inventar el “flogisto” como elemento explicatorio de diversos fenómenos. Por supuesto, después descubrieron que el “flogisto” no existía.

 

¿A que voy? Hace un par de semanas leí en un periódico de Buenos Aires una larga retahíla de dislates acerca de las personas “tóxicas”, de los que cito solamente unos pocos:

 

” A los «tóxicos» los olés al primer contacto; son lastres que te hunden y restan siempre. Por eso, tratas de alejarte. Pero la vida te los impone demasiado a menudo” – Martín B., empresario.

” Hay gente que nos intoxica con su mala actitud y absorbe nuestra energía. Ellos movilizan aspectos que nos resultan intolerables. Nos dañan y nos quitan libertad ” – Alicia B., psicóloga.

“Te cuentan siempre de sí mismos y no les interesa preguntarte nada. Intentan pasarte por arriba; nada ni nadie les viene bien. Son un bajón” – Clara P., pintora decorativa.

” El «tóxico» nunca sabe que lo es, pero todos los demás, sí. Nunca está vibrando como su entorno. Además, interrumpe las vibraciones ” – Nicolás P., músico.

“Son gente que conspira para que las cosas no fluyan amigablemente. Piensan: «¿Por qué ser feliz, si se puede no serlo?”. Su problema es la actitud” – Julián C., creativo publicitario.

 

El equipo de redacción – no identificado – recurre a un par de libros y a autores como Baruch Spinosa, a una “investigadora de la vida cotidiana a través de la enjundia filosófica” y a un par de intelectuales, para tratar de definir a las “personas tóxicas”.

 

También hacen uso de las neurociencias, las que “dicen que sí, que la gente “toxica” (encarnada por aquellos seres rapaces que inexorablemente perturban el bienestar ajeno y vampirizan al semejante) existe. Y endilgan a fallas químicas la irrigación de esa toxicidad.

 

En resumen, y citando, “sus conductas se traducen en patologías, y la coexistencia con ellos resulta imposible”.

 

Me permito pensar que el gasto de energía, papel (o electrones, para el caso, porque la nota la leí en Internet) y tiempo no vale el tema sobre el que se escribe la nota: decididamente es de Perogrullo descubrir que existe gente insoportable.

 

Pero, sin embargo, una lectura atenta de la nota muestra que – como ejemplo supremo de “gente tóxica”, prototipo imbatible de maldad, psicopatía manipulativa, y “falta absoluta de empatía con el otro” – se señala en forma general a los políticos, pero  sólo aparecen individualizados con nombre y apellido Bin Laden, Adolfo Hitler y… George Busch. Ninguna otra profesión o categoría ocupacional, social o jurídica – ¡ni siquiera los delincuentes son considerados “tóxicos”!.

 

… y que quede claro que no tengo ninguna simpatía por Busch (y menos aún por Hitler o Bin Laden, por supuesto).

 

Eso de la “gente tóxica” me recordó a la teoría del flogisto, simplemente.