Archivos para Diciembre 2008

A Hamas, ¡jamás!

A Hamas, ¡jamás! – te la hago corta

 Una vez me dijo el entonces Presidente de la Junta Municipal de Montevideo – dirigente de una de las tantas agrupaciones que forman el Frente Amplio en el Uruguay – que le hubiese gustado que lo invitaran a Israel (“Palestina”, dijo) para enseñarle a Arafat que “el poder no pasa solamente por la mira del fusil sino también por las alcantarillas”.

 Mi interlocutor, que era y es miembro de una de las agrupaciones que cambiaron la lucha armada por la contienda política – y de paso, la ganaron – trataba de convencerme que les dijera a los palestinos que la manera de lograr sus objetivos no era el terror, sino el dialogo y, si era necesario, el compromiso.

 Algunos dirigentes palestinos captaron el mensaje, no por boca de mi amigo y menos aún por la mía, sino por fuerza de la realidad. Hamas nunca acepto otro rumbo que la violencia, hacia los israelíes y también hacia sus hermanos palestinos.

 Al menos tienen una a su favor: Hamas no oculta sus objetivos.

 Respecto de sus hermanos: la imposición de la ley islámica – rígida, conservadora, machista, intolerante, basada en valores y procedimientos anacrónicos (cortar la mano al ladrón, apedrear a muerte a la mujer infiel, ahorcar al homosexual y un largo etcétera).

 Respecto de Israel: el objetivo estratégico es su eliminación como estado; como táctica, su desprestigio hasta llegar a la deslegitimación, su hostigamiento permanente; como técnica, la movilización de las masas musulmanas y la propaganda más elemental y el recurso último del anti-israelismo, anti-sionismo y antisemitismo como motor de los odios más elementales.

 Cuando Israel desocupó Gaza, Hamas conquistó el gobierno mediante una elección aparentemente democrática, pero solapadamente fraudulenta y basada en la amenaza civil y el temor  religioso. Y se abocó – en vez de al bienestar de su gente – a usar su territorio para el hostigamiento permanente contra Israel.

 Y ahora se quejan de la represalia: aprovecharon las treguas para armarse de cohetes sofisticados; usaron a sus ciudadanos como escudos humanos para disparar esos cohetes impunemente. Hambrearon a su gente para exacerbar el odio contra Israel.

 Si todavía sigue Usted creyendo que el poder está en la mira del fusil, que es preferible un gobierno anti-imperialista aunque sea reaccionario y oscurantista,  espere tenerlo frente a su ciudad, enviándole a su casa por vía aérea 70 misiles Grad o Khasam por día.

 Si los políticos recorren hoy la sala buscando firmas para un llamado a la tregua, ¿por qué no lo hicieron en estos meses, buscando firmas para detener la lluvia de cohetes contra Israel? ¿Es que la sangre israelí-sionista-judía es menos roja? ¿Por qué mis amigos progresistas piden hoy moderación a Israel, y no la pidieron antes a Hamas?

 A Hamas, ¡jamás!

Y una ultima pregunta, que dejo picando: ¿qué hicieron los países árabes y el mundo musulmán por el bienestar material y educativo de sus hermanos palestinos, salvo mantenerlos hacinados en campos de refugiados, cultivando con fruición por 60 años su odio y su resentimiento?  

 P.S.:

Ya insertada la nota en el blog, leo el artículo “La victoria del terrorismo” publicado por Santiago Kovadloff  hoy en La Nación de Buenos Aires:

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1085761

 y me permito acotarle que, con los 60 o 70 cohetes diarios sobre su cabeza, sus opiniones serían un poco menos contemporizadoras. Recuerdo una amiga – libanesa ella – que solía decir “es mejor ponerse colorado una vez a ponerse blanco siempre”.

 

Jornada laboral

Jornada laboral

 11.00 horas.

La jefa: Ocúpate de los pasajes y de renovar el seguro del auto!

Yo: OK.

Busco el teléfono entre las cosas de sobre el escritorio. Encuentro la agenda. Llamo.

Compañía de viajes: Tuuuu tuuuu tuuuu tuuuu (llamada en espera)

Compañía de seguros: Ha llegado Ud. a Special, SU compañía de seguros. Agentes de seguros, marcar el 4. Si quiere denunciar un siniestro, marque el 1. Si quiere renovar su póliza, marque 5. Si quiere denunciar un robo, marque el 2. Si quiere sacar un seguro nuevo, marque 6. Si quiere un seguro de viajes, marque 7. Si quiere seguro de salud, marque 3. Si quiere aclaraciones marque 8. Si quiere hablar con una secretaria, marque 0.

Yo: marco el 5.

Compañía de seguros: Si tiene contrato directo marque el 3. Si tiene contrato a través de agentes, marque el 5. Si es empleado público, marque el 2. Si es jubilado, marque el 8. Si tienen dudas sobre el monto de la póliza, marque 6. Si no conoce la fecha de vencimiento de su seguro, marque el 4. Si quiere hablar con una secretaria, marque el 9.

YO: marco el 8.

Compañía de seguros: Si es jubilado del Ministerio de Transportes, del de Turismo o de Infraestructuras, marque el 5. Si es del Ministerio de Salud Publica o de Medio Ambiente, marque el 3. Si es retirado de las Fuerzas Armadas, marque el 8. Para todos los demás, marque el 0 o espere en línea que lo atienda una operadora.

Yo: marco el 0.

Compañía de seguros: Nuestras líneas telefónicas están muy cargadas; su lugar es el séptimo en la cola. Si no quiere esperar, marque asterisco y le llamaremos.

Yo: Marco asterisco.

Compañía de seguros: El número de teléfono que ha dejado es incorrecto. Llame de nuevo mas tarde.

 12.00 horas.

Yo: llamo de nuevo.

Compañía de viajes: Tuuuu tuuuu tuuuu tuuuu (llamada en espera)

Compañía de seguros: Ha llegado Ud. a Special, SU compañía de seguros. Agentes de seguros, marcar el 4. Si quiere denunciar un siniestro, marque el 1. Si quiere renovar su póliza, marque 5. Si quiere denunciar un robo, marque el 2. Si quiere sacar un seguro nuevo, marque 6. Si quiere un seguro de viajes, marque 7. Si quiere seguro de salud, marque 3. Si quiere aclaraciones marque 8. Si quiere hablar con una secretaria, marque 0.

Yo: marco el 5.

Compañía de seguros: Si tiene contrato directo marque el 3. Si tiene contrato a través de agentes, marque el 5. Si es empleado público, marque el 2. Si es jubilado, marque el 8. Si tienen dudas sobre el monto de la póliza, marque 6. Si no conoce la fecha de vencimiento de su seguro, marque el 4. Si quiere hablar con una secretaria, marque el 9.

YO: marco el 8.

Compañía de seguros: Si es jubilado del Ministerio de Transportes, del de Turismo o de Infraestructuras, marque el 5. Si es del Ministerio de Salud Publica o de Medio Ambiente, marque el 3. Si es retirado de las Fuerzas Armadas, marque el 8. Para todos los demás, marque el 0 o espere en línea que lo atienda una operadora.

Yo: marco el 0.

Compañía de seguros: Nuestras líneas telefónicas están muy cargadas; su lugar es el séptimo en la cola. Si no quiere esperar, marque asterisco y le llamaremos.

Yo: Marco asterisco.

Compañía de seguros: El número de teléfono que ha dejado es incorrecto. Llame de nuevo mas tarde.

 13.00 horas. Lo mismo.

14.00 horas. Lo mismo.

15.00 horas. Lo mismo.

16.00 horas. Lo mismo.

17.00 horas. Lo mismo.

18.00 horas.

Compañía de viajes: Triiiin. Triiiin. Triiiin. Triiiin. (Llamando, sin respuesta)

Compañía de seguros: Nuestras oficinas están cerradas hasta mañana a las 08.00. Si quiere denunciar un siniestro, marque el 1. Si quiere denunciar un robo, marque el 2.

Para otras gestiones, marque asterisco y le llamaremos mañana.

Yo: Marco asterisco.

Compañía de seguros: El número de teléfono que ha dejado es incorrecto. Llame de nuevo mas tarde.

Viagra para la depresión

 

Viagra para la depresión

 Como mis fieles lectores ya lo saben, soy un incansable lector de periódicos, impresos, virtuales o simplemente prestados.

 En unos de los tantos que he leído, ya hace unos meses, veo que se descubrió que el “Viagra”  (¡vamos, no me diga que no sabe de qué se trata!) tiene influencia como antidepresivo para los hombres mayores de 40 años que padecen de distimia, una depresión leve, pero continua.

 El Viagra – de cuyos resultados terapéuticos en forma de pastilla celeste estoy seguro que mis informados e inquietos lectores están al tanto – también se usa en el tratamiento de afecciones pulmonares severas en bebés y ayuda en la atención intrauterina en mujeres embarazadas.

La nota cuenta que – en el marco de la investigación -  se les suministró Viagra a hombres cuya función sexual estaba en orden, y éstos reportaron una mejora en su estado de ánimo.

 En los estudios anteriores, en los cuales se verificó la eficiencia del tratamiento con Viagra, se había notado un cambio en el ánimo y la calidad de vida de sus usuarios, pero éste se atribuía a la mejora en el rendimiento sexual.

 Un desconfiado investigador, el Dr. Or, decidió analizar si el Viagra tiene influencia sobre el estado anímico, independientemente de la función sexual.

 El estudio duró 45 días e incluyó a veinte hombres de entre 41 y 60 años, que padecen de una depresión leve y continua, pero sin problemas sexuales: tomaron una dosis baja de Viagra al día. 

Su estado de ánimo fue evaluado por medio de un cuestionario, y además se les pidió informar cualquier cambio en su función sexual. Los participantes no reportaron modificación alguna en este último sentido, pero el análisis de las respuestas al interrogatorio indicó una evidente reducción en el nivel de su depresión, y una mejora en su ánimo. La reacción fue desarrollada tomando en cuenta el efecto placebo, que estoy seguro que mis lectores conocen hasta el hartazgo.

 Sin embargo y a pesar de los evidentes resultados, la forma de actuar del Viagra en este tema aún no es suficientemente clara. Según el doctor Or, “es probable que haya un componente biológico vinculado con la acción bioquímica del preparado”.

 Una vez expuesto con toda objetividad el experimento y sus resultados, tengo una idea: que produzcan el Viagra en forma de líquido, lo embotellen en un envase elegante y llamativo y lo vendan en los bares. Ya me imagino a un caballero acercándose al barman y pidiendo ¨Por favor, un cóctel de vodka y Viagra… es por la depresión, verá Usted….” y a continuación, acodándose en la barra, le confiesa al aburrido barman que, a pesar de la dosis en pastillas, su amada lo dejó por un musculoso obrero portuario, aparentemente no necesitado de ninguna ayuda farmacéutica.

 ¡Marche un Viagra para la depresión!

 El artículo original se publicó en el periódico “Journal of Nervous and Mental Disease”, por si alguien quiere consultarlo.. o se siente levemente deprimido o tiene severas afecciones pulmonares.

 

Alta presión

Alta presión

 Iba ganando en la denodada lucha contra mi médica, decidida ella a encontrarme enfermedades y empecinado yo en una salud inoxidable.

 Hasta que me dejé tomar la presión. Consideró que “si bien no es alta, está en el límite, así que mejor hacemos unas pruebitas: pida turno por teléfono mañana mismo”.

Si hubiera estado a solas con la doctora, hubiese hecho lo que un verdadero macho: ignorar el desafío. Pero estaba con mi esposa, así que agaché la altiva testuz sin protestar.

Creo que en ese momento empecé a subir la presión.

 A la mañana siguiente llame a la Clínica del barrio, para pedir hora. La contestadora automática me informo que era demasiado temprano – antes de las 10 no dan turnos. La presión me subió un poco más.

Llamé a las 10. Ocupado. A las 10.10, seguía ocupado. A las 10.20 se conecto una contestadora automática , empezando por una larga tanda publicitaria sobre los servicios de la Clínica. De nuevo me subió la presión. Tras varios minutos de propaganda medica, surgió una voz femenina: “Para turno con médicos de familia, marque 1; para turnos con médicos especialistas, marque 2; para turno en sala de enfermeras, marque 3. Si no sabe a quien busca, espere en línea”.

Marqué 2: supongo que las enfermeras son las que toman la presión. Una amable voz electrónica me contestó: “Todos los internos están ocupados. Espere en línea que le contestaremos”, a lo que siguió una nueva avalancha de servicios promocionados por la Clínica – para ancianos, lactantes, adolescentes, embarazadas, duros de oído, en fin, para lo que guste. Mi presión subió otro poquito más, no demasiado esta vez.

Eran más de las 10 y media, la oreja me dolía, tenia sed y ganas de ir al baño. Pero, sobre todo, sentía que la presión me estaba subiendo en forma incontrolada.

Pasada la tanda publicitaria y una simpática musiquita que enmarcaba un jingle casi oligofrénico, y un par de advertencias de “Líneas sobrecargadas, rogamos llamar mas tarde”, a las que obviamente no hice caso, ¡milagro! atendió una voz de joven mujer con evidente impaciencia: “Sala de enfermeras” me espetó, mascullando su nombre y agregando “¿En qué puedo ayudarle?”.

 “Por favor – dije con humildad – Quiero un turno para pruebas de presión”.

 “Llame a Asterisco 2700” contesto con voz cortante, y luego… corto. Mi presión dio un salto, textualmente.

 Eran cerca de las 11 de la mañana. Mis tareas y obligaciones, esperándome pacientemente. Disqué *2700 y me atendió una grabación:

“Gracias por comunicarse con los servicios médicos, si sabe el interno, márquelo ya; para nuevos clientes, marque 1, para maternidad marque 2, para administración marque 3, para radiografías y scaneos marque 4, proveedores marque 5”… y la mezcolanza llegaba hasta 9 (creo que era servicio psiquiátrico). El 0 era para la operadora, que – ¡oh sorpresa! –

No contestaba, y te pasaba al principio de la tanda, pero esta vez, con otro jingle, peor que el anterior. Mi presión estaba sensiblemente alterada.

 Jadeante, me senté sobre la tapa del water, con el teléfono inalámbrico en una mano tremulante y una taza de café en al otra. Mis mejillas más que sonrosadas, violáceas. Mi pulso era un andante con fuocco y tenues gotas de sudor corrían por mis sienes: un desecho humano en el baño de las visitas.

 Mi piadosa mujer, mirándome desde la puerta, comenta: “No pareces tener buena cara… ¿Por ahí tiene razón la medica y estas alto de presión? ¿Por qué no pides hora para que te revisen?”.

 Efectivamente, parece que sufro de alta presión.

 

 

 

 

 

 

Me gustaría ser griego

Confieso que a veces me gustaría ser griego, de ésos que creían en los dioses del Olimpo y todo el resto de esas cosas.

Por ejemplo, anoche, o mejor dicho ayer al atardecer. Se produjo un fenómeno astronómico, o meteorológico o celestial, y yo estaba allí para interpretarlo.

 La Luna y los planetas Venus y Marte estaban allí arriba, en formación, a la vista de todos – igual que hace 26 años y que dentro de otros tantos, más o menos. Y que muchas otras veces en la historia, ya que estamos.

Y la formación era como esta que les muestro “: )” – dos puntos y un paréntesis, que en el idioma de las computadoras es una sonrisa. Más aún, no sé si en vuestra computadora salieron los dos puntos y el paréntesis, o simplemente el dibujito del “smiley”.

 Y nosotros, acá abajo, en el medio de la plaza, mirando embobados el cielo y tratando de darle sentido a esa sonrisa espacial. No faltó el vecino que dictaminó que eran dos satélites de la NASA, otro que adujo que se trataba de aparatos espaciales israelíes que espiaban a los palestinos y alguno puso el grito de “Ahmadineyad” en el cielo… propiamente hablando.

Por mi parte, quise ser griego, de esos que creían en Zeus y las musas, en que Nike no es una marca de zapatillas de tenis sino la diosa que nos llevará a la victoria, y que Mercurio no mide la temperatura sino que trae las buenas nuevas.

En esos momentos, quise ser griego por un rato y creer que esas tres luminarias celestiales nos estaban enviando la sonrisa de los dioses, que nos miran desde las alturas en nuestra enanidad y – cordiales, gozosos y un tanto irónicos – nos perdonan nuestra infantilidad, nuestra altivez y nuestra desmedida pretensión de entenderlo todo.

 Nos miran desde arriba y sonríen con piedad (¿o con desprecio?) ante nuestras vanidades e insensateces: miran sonrientes y pacientes como destrozamos su planeta Tierra, ensuciamos sus mares y sus cielos con polución, humos tóxicos y emanaciones radiactivas, nos matamos como si tal cosa unos a otros.

 Nos miran y se sonríen, porque deben pensar que somos niños un poco tontitos, que jugamos irresponsablemente con juguetes que nos quedan grandes.

 De paso: esos dioses sonrientes y juguetones, ¿nos perdonarán nuestra ignorancia? ¿nos perdonarán que nos mintamos a nosotros mismos y creamos que nuestra sabiduría es universal?

Quisiera ser griego, para creer que sí –porque en algo hay que creer, ¿verdad?