Archivos para Enero 2009

Se necesitan dos para bailar el tango

De a ratos  me cuesta entender a mis amigos bienpensantes, que llenos de buenos deseos pero carentes de información, me dicen que “Ustedes deben conversar con Hamas, porque, finalmente, es con ellos que deberán hacer la Paz” (“hacer las paces…”, como decíamos de niños). Y agregan: “se necesita dos para bailar el tango”.

 Porque mis amigos suponen, en una especie particular de buena voluntad, que tanto Hamas como nosotros queremos “hacer las paces”, pero no han leído la declaración de principios (Estatuto) de Hamas. Asi que para ahorrarles buscar en el Internet, les transcribo algunas de las bases ideológicas de este movimiento de resistencia islámica – gracias al Dr. Ernesto Kahn, Premio Nobel de la paz. 

  • Artículo 7) “El profeta, que Alá le bendiga y le dé la salvación, ha dicho: “El día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan contra los judíos (matando a los judíos), cuando el judío se esconderá detrás de piedras y árboles. Las piedras y los árboles dirán: Oh musulmanes, oh Abdulla, hay un judío detrás de mí, ven a matarlo. Sólo el árbol gharkad (evidentemente cierta clase de árbol) no lo hará, porque es uno de los
    árboles de los judíos”. 
  • Artículo 13) “Las iniciativas, y las llamadas soluciones pacíficas y conferencias internacionales, están en contradicción con los principios del Movimiento de Resistencia Islámica. El insulto a cualquier parte de
    Palestina es insulto dirigido contra una parte de la religión”. 
  • Artículo 31) “Los seguidores de las otras religiones tienen el deber de dejar de disputar la soberanía del Islam en esta región, porque el día en que esos seguidores tomaran el poder no habría más que matanzas, desplazamiento y terror”. 
  • Artículo 34) “al final los Cruzados fueron derrotados y Palestina liberada. “Di a quienes no creen: Seréis vencidos y arrojados juntos al infierno; un mal lecho será.” (C 3:12).Esa es la única manera de liberar a Palestina. No cabe ninguna duda acerca del testimonio de la historia. Es una de las leyes del universo y una de las reglas de la existencia. Nada sino el hierro puede vencer al hierro. Su credo falso y vano sólo puede ser derrotado por el recto credo islámico. A un credo sólo se le combate con un credo, y al final la victoria es para los justos, porque la justicia es ciertamente victoriosa.”.

Y no agrego mas citas, para no parecer insistente y no aburrir a mis fieles y leales lectores.

 Como dice mi mejor amiga: sin duda que para hacer la paz hay que negociar con el enemigo… pero, ¿con gente que piensa así se puede llegar a “hacer las paces”?.

 Se necesitan dos para el tango… pero nos tocó bailar con la más fea (y antipática).

¿Qué pasa cuando una mosca cae en una taza de café?

¿Qué pasa cuando una mosca cae en una taza de café?

El inglés ~ tira la taza de café y se marcha.

El estadounidense ~ Saca la mosca y se toma el café.

El chino ~ se come la mosca y tira el café.

El japonés ~ se toma el café con la mosca, porque era un extra.

 

El Israeli ~ vende el café al estadounidense, la mosca al chino y se compra una nueva taza de café para él.

El palestino ~ culpa al israelí por el violento acto de poner una mosca en su café, le pide ayuda a la ONU, toma un préstamo de la Unión Europea para comprarse una nueva taza de café, usa el dinero para comprar explosivos y entonces hace explotar toda la cafetería donde el inglés, el estadounidense, el chino y el japonés están todos tratando de explicarle al israelí que el fue muy agresivo.

APORTE AL ESFUERZO DE GUERRA

APORTE AL ESFUERZO DE GUERRA

Uno tiene su corazoncito, incluso en época de guerra.

Uno ve a los soldaditos en medio del barro, del frío y de la noche, y el corazón de madre se le enciende de piedad. Aunque uno sea padre, en el fondo es una madre que se compadece por los soldaditos que podrían ser sus hijos. Incluso si uno es soltero, sin hijos, técnico dental, por caso, también se conmueve ante el cartel en la tele: “¡Done una muda de ropa para los soldados!” .

No importa la sospecha de que la tienda esta tratando de sacarse de encima un stock invendible; uno va a la tienda, que asegura que llevará la ropa al frente de batalla o donde sea que los soldados se cambien, y ve el cartel que despierta los sentimientos patriótico-maternales en el más acendrado de los antibelicistas.

Y el cartel… ¡vaya cartel de tres metros de ancho, ocupando toda la entrada de la tienda!… es imposible al viandante ignorarlo.

Entonces, uno entra en la tienda y de inmediato se le acerca una vendedora, cabello negro azabache químicamente establecido, ajustada falda negra y un halo de perfume emanando de su acicalado maquillaje: “¿Puedo ayudarle en algo?”. “Quiero donar ropa interior para los soldados” dice uno en tono viril, y recibe una mirada inquisitiva: “¿Ropa interior? No sé. ¿No prefiere un perfume para su esposa?”.

Uno trata – inútilmente – de explicar a la vendedora de cosméticos el deseo de contribuir al esfuerzo de guerra. Ella, impermeable, programada para el perfume y sólo para éso.

Pasa otra vendedora, rubia oxigenadamente adquirida, con un vestido ajustado pero sin aromas florales. “Perdone, dice uno, ¿sabe Usted dónde se compra la donación para los soldados?”. La mirada rubia es más neutral que la de la cosmetóloga, si ello es posible. “Pregunte en la caja”; ambas ignoran el enorme cartel.

El de la caja esta atendiendo a dos clientas, una que cuenta a su amiga gritando por el teléfono móvil el temor de que recluten a su marido para las reservas, y la otra que reclama porque le vendieron una blusa muy chica o muy grande… ni al de la caja ni a nosotros nos queda claro, porque la protesta llega a tonos y expresiones casi apocalípticas.

Uno se introduce entre los gritos de la cliente enojada y la atemorizada y pregunta, en tono menor: “¿Dónde se compra la ropa para los soldados?”.

Los tres – cajero, telefonista y protestona – lo miran desconfiados: “¿Sabe el sistema?: Usted paga y nosotros se los llevamos, porque hay quienes quieren comprar la ropa interior a precio de costo para usarla ellos mismos”.

Ultrajado en mi patriotismo y con mi generosidad puesta en tela de juicio, saco la tarjeta de plástico, espeto con tono marcial: “¡Déme dos!” y salgo de la tienda sacando pecho, altiva la mirada, orgulloso de mi aporte al esfuerzo de guerra.

¿Me permiten ser políticamente incorrecto?

¿Me permiten ser políticamente incorrecto?

Hace unos días que no publico nada en el blog: por un lado, todo aquel que tiene una cámara, un micrófono o una computadora ya lo hace, y dice a cada cual más dislates. 

Preparo un comentario, la “editora jefa” – que además funge de censora, conciencia vigilante y correctora de gramática – me hace notar que estoy cayendo en el panfleto, o en la vociferación escrita, en el esquematismo… o simplemente dejándome llevar por las furias mesorientales.

¿Es que nada nuevo, inteligente, creativo, puede ser dicho acerca de esta guerra-no guerra? Parece que no.

Cada cual escribe, declara, comenta, publica o esparce, sin demasiado contacto con la realidad, sino más bien basándose en la técnica de las profecías auto-cumplidas: no importa qué exactamente hagan Israel o los palestinos, Al Jassira culpará a éstos y el Jerusalem Post a los otros.

De La Republica o el Guardian se puede esperar la misma imparcialidad que de Radio 7 (por si no lo sabe Ud., la de los habitantes de los asentamientos en la Margen Occidental): cada cual selecciona los hechos que se ajustan a sus interpretaciones.

Como decía mi amigo Paúl – “no dejemos que la realidad nos destroce las ideas preconcebidas”: a veces me pregunto si es que a ciertos periodistas los publican porque son anti-israelíes, o son anti-israelíes porque si no, no los publican. 

Porque la relación entre los periódicos y los lectores me lleva a una anécdota de más de 20 años de edad: una vez entré al despacho de un amigo español, dirigente del PSOE, que tenia un ejemplar de “El País” abierto sobre su mesa. Mi amigo, un tanto azorado por haberle pillado con el diario, comentó: “No sé si lo leo para saber cómo piensa o para saber cómo debo pensar yo”. 

Seré políticamente incorrecto y diré: ¡No lea más los periódicos, ni vea mas televisión, ni escuche la radio! Si de todas maneras no se informará, no modificará sus opiniones previas, y sólo se pondrá más nervioso cada vez que se entere de cosas que no termina de entender…  Como dice Oscar Humberto Vera Troncoso (¿no sabe Ud. quien es?. Yo tampoco, simplemente lo encontré en el Internet)  “Yo siempre quise ser Peter Pan y a base de irresponsabilidad lo estoy consiguiendo”

Crease o no: Un Anonimo Firmado

¡Hay que ser despistado!

Mis apreciados y leales lectores se sorprenderían de la cantidad y calidad de despistados que pululan por la web.

Tengo la impresión de que la web los convoca, a los despistados, los incita, los estimula… hasta niveles impredecibles.

 Tome Ud. por ejemplo, los que quieren mandar anónimos. Si los mandan por carta, los escriben, cierran el sobre, se trasladan a un barrio más lejano y lo ponen en el correo.

 Si quieren transmitirlo por teléfono, lo hacen desde uno publico, de esos que todavía suele haber en las esquinas. No desde un celular o uno particular, porque puede registrarse la llamada en lo del receptor.

 Pero un anónimo no se manda por mail, porque siempre el receptor recibe el nombre, real, ficticio o nulo del emisor “anónimo”, pero siempre recibe además la dirección desde donde se mando el mail.

 Por ejemplo, en respuesta a mis comentarios sobre la situación en la Franja de Gaza, recibí de

                         Fernando Aluma

 Cuya dirección electrónica es

                         fdal@hotmail.com

 un mail anónimo, es decir, sin firma, con el siguiente erudito texto:

 “VOS SOS OTRO JUDIO HIJO P*** , MARI*** , LA P*** QUE TE RECONTRAP***** !!!!”

(el encomillado y los asteriscos son míos – por eso de las buenas costumbres y el lenguaje pulido; el texto, todito producto de la inteligencia de Don Fernando Aluma, cuyo apellido podría ser de raíz judía).

Creo que de Don Fernando no sabe que no solo es un maleducado, y un poquito antisemita, sino que es también un despistado: ¡mire Ud. que mandarme su dirección para que yo – o cualquiera de mis amigos – le conteste como se merece… o lo haga público en la red!.

 Sea discreto al publicar su dirección, Don Fernando, porque puede ser que la usen para suscribirlo a mil sitios de la red, de esos que proponen ofertas, libelos, loterías, chicas de placer, y vaya a saber qué otras maravillas que se pueden hacer conociendo su dirección electrónica: si quiere mandar un anónimo, ¡no lo firme!

Diario de guerra

Leer hace bien

 En estos días de guerra-no guerra, uno tiene la opción de prender la radio (o peor aun, la TV) durante todo el día y volverse loco por las advertencias de cohetes, alarmas de cohetes, caídas de cohetes, identificación del sitio donde cayeron los cohetes y reportaje a la viejita afectada por el shock producido por los cohetes. Toda esta retahíla, repetida cuatro o cinco veces por hora, en todas las radios y todos los canales que se precian de tener un servicio de noticias. O sea, todas y todos. Lo que totaliza, más o menos, unos 200 anuncios horripilantes a lo largo de una jornada “normal”. ¿Quién no se pondría nervioso ante tal diluvio de alarmas?

 La siguiente opción es no prender los aparatos de información masiva, y leer los periódicos. Y encontrar a todo tipo de generales retirados pontificando acerca de cómo deberían comportarse los generales en activo, explicando por qué las guerras son algo demasiado complicado como para que las dirijan los políticos y dejando entrever que ellos tienen la solución perfecta para esta guerra y todas las pasadas y futuras. En la pagina de enfrente están las mismas gansadas, explicadas por los políticos, acerca de los generales. Más que histeria, aburrimiento.

 La tercera opción es cerrar todos esos instrumentos de tortura, abrir un buen libro o – para el caso es lo mismo – resolver problemas de sudoku.

 Recorremos la biblioteca. Todo lo legible, ya lo leímos; todo lo ilegible, prometemos solemnemente por enésima vez donarlo a la biblioteca municipal para que otros tampoco lo lean. 

En el recorrido, llegamos a la inefable y salvadora computadora, abrimos el Internet y, en vez de ver las chismerías del facebook, nos interesamos por los libros electrónicos. ¡Bravo! ¡Acá esta la salvación! Miles de libros que no solo no leímos, sino que incluso ni sabíamos de su existencia aparecen tentadores ante nuestros ojos.

 Una cautelosa revisada de los estantes virtuales de la e-biblioteca (si incluye e-libros, será una e-biblioteca, digo yo) nos deja con sabor a deja’vu: todos los clásicos de la literatura – que por supuesto nadie ya lee ni publica – o los desconocidos de siempre, que nadie leyó jamás ni publicó.

 Pero mi curiosidad casi infinita me permite, a veces, descubrir perlitas tales como:

 “eudemonista, es decir, alguien que respalda un sistema ético cuya pauta moral es la tendencia de las acciones para promover la felicidad”,

o

“ninguna buena acción queda impune”

 ¡Que me aspen! ¿qué querrán decir?

 En verdad, no sé si no prefiero a la larga enterarme de lo que elucubran los comentaristas político-militares-periodísticos, a encontrarme con “Henry Aldrich, 1647-1710, diácono de Christ Church y diseñador de Peckwater Quad, que tradujo la canción de cuna “Tinker, Tailor, Soldier, Sailor” al latín, era un fumador empedernido y escribió una canción para ser cantada por cuatro hombres fumando en pipa, no más difícil de cantar que divertida de oír”.

 Al menos yo tengo la suerte de no tener que salir corriendo a cada rato al rellano de las escaleras o a los cuartos blindados, como mis parientes y amigos de Beer Sheva, Ashkelon, Mefalsim – los que además de los misiles deben soportar luego las llamadas angustiadas de toda la parentela, preguntando si la están pasando mal.

¿Cómo creen ustedes que la están pasando, simplemente por el hecho de que Hamas no puede soportar la presencia de judíos en Medio Oriente?