Los placeres de la mesa
Hace momentos leí con gusto una nota publicada en Buenos Aires, por el ex-Presidente uruguayo Julio Maria Sanguinetti, sobre el conflicto palestino-israelí, que me hizo recordar una agradable cena que compartimos años ha con él, su esposa y una encantadora pareja de anfitriones.
Hablamos sobre mil cosas, arte, historia, los nietos… hasta un poco de chismes y cotilleo de circunstancias. Creo que no tocamos casi ningún tema “trascendente”: él como político, su esposa como historiadora. La mía como erudita en temas latinoamericanos, la anfitriona como artista diseñadora y su marido como exitoso industrial… (yo como embajador) … simplemente, nos limitamos a conversar gozando del placer de la charla, y sobre todo, escuchándonos unos a otros.
Leyendo periódicos viejos, El País de Montevideo cita hace unos meses a su homónimo de Madrid en una nota firmada por Quino Petit, sobre el libro de los franceses Sven Ortoli y Michel Eltchaninof, Manual de supervivencia en cenas urbanas, recientemente publicado en España, en que pasan recetas para enfrentar a los “Palizas” (“plomos” les decíamos en el Río de la Plata) que te arruinan las comidas contándote sus exóticos paseos turísticos, describiendo sus supermodernos automóviles o detallando las curiosas operaciones de cirugía que atravesaron, o bien declarando sentenciosamente “Hay que releer a Karl Schmidt” ‘ sin que nadie se atreva a preguntar quién es ese tipo.
Los “plomos” que te cuentan cómo supieron invertir a tiempo en acciones de la bolsa de Singapur, mientras que tú apenas afrontas con dignidad la hipoteca e tu departamento, los que te superan en proclamada erudición mientras que tú apenas terminaste una modesta carrera en una universidad de provincias. Los que comparan las hazañas de sus nietos con los héroes del Olimpo (bueno, exagerando un poco, por supuesto) y no te dejan sacar las fotos de los tuyos.
Por eso siempre regreso a esa cena memorable, con gente agradable que simplemente compartió los placeres de la mesa, sin tratar de demostrar a nadie cuán cultos, ilustrados, ingeniosos o informados somos (o se espera que seamos). Gozando de la reciproca compañía.
Por eso, apreciados Sven y Michel, exitosos autores del manual de supervivencia, me permito yo también dar mi consejo: no busque técnicas de retruque, no exprima desesperadamente el pomo de su ingenio.
Elija mejor con quién comparte la mesa. Comerá mejor y no sufrirá de úlceras de estómago ni de cerebro.
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