Por si Usted no lo sabe, apreciado y fiel lector, trabajé casi toda mi vida útil como diplomático. Los largos años en ese oficio – porque la diplomacia es un oficio, no una profesión, como ya lo expliqué una vez y estoy dispuesto a hacerlo de nuevo, si me lo piden… – me han desarrollado un especial sentido de la ironía.
A lo que se sumaba mi natural sentido del humor, con lo cual a veces se le complicaba la vida a quienes me tenían como interlocutor. Más de una vez hubo quienes no sabían cómo digerir mis expresiones: hubo los que entendieron que las cosas serias las decía en broma, en tanto que las tomaduras de pelo parecían afirmaciones de lo más formales y pomposas, es decir, en el esperado estilo de un sofisticado diplomático. Lo que desconcertaba más, era que a veces hablaba en serio sobre cosas serias, mientras que otras veces bromeaba sobre intrascendencias.
En resumen, era un tipo más bien raro, debo reconocerlo, lo que no me impidió cosechar una larga (e interesante) lista de amigos – alguno de ellos, probablemente, está leyendo estas líneas y se pregunta “¿con qué se va a salir esta vez Joel?”
Pues bien, proclamaré a todos los vientos, desde este modesto blog, que he descubierto la clave de la actual política exterior de Israel.
Dicen que lo dijo Kissinger, que la política exterior de Israel es “pura política interior”; hay comentaristas políticos que sostienen que Israel no tiene política exterior – y con ello se ganan la vida y las corresponsalías en ciudades apetecibles como Nueva York, Washington o Nouakchott (la capital de Mauritania, por si no se acuerda).
Pues – modestamente – creo haber detectado algunas pistas de la existencia de algo parecido a una política exterior. Por ejemplo, respecto de América Latina, hay una coherente aunque oscilante ignorancia entre nuestros Cancilleres (oscilante, porque pasa de la “ignorancia” del desconocimiento a la “ignorancia” del desentendimiento, a pesar de los intentos de muchos de nuestros laboriosos colegas a lo largo de generaciones.
Por otra parte, el actual Jefe de Gobierno – que como es sabido inició sus estudios en el muy respetable ámbito de la Administración de Empresas – ha desarrollado una nueva era en sus relaciones exteriores, caracterizada por lo que se denomina en marketing “segmentación de mercados”, y ha designado de hecho cuatro (hasta ahora, porque creo que pronto habrá cinco) cancilleres: uno titular de RREE, dedicado al segmento ruso del mundo y de los electores en Israel; otro, sin cartera, orientado al “Mundo Árabe” bajo la consigna de “desarrollo y cooperación regional”; un tercero, que bajo la cartera de defensa lleva adelante las relaciones con la Autoridad Palestina o lo que queda de ella; uno más – el mismísimo Presidente – que mantiene un contacto paternal o abuelar con los EEUU y la UUEE; digo que habrá un quinto, pensando que quizás el Vice Ministro de RREE se dedique a la política exterior, ya que al menos él sí tiene una cierta –aunque vertiginosa – experiencia diplomática, como funcionario de carrera.
¿Habrá ironía en mis palabras? ¡Adivínelo Ud., caro lector!
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