El tema de los colados a las fiestas, reuniones y celebraciones pareciera ser un éxito de rating: muchos y variados comentarios ya ha generado entre nuestros fieles y leales lectores… la mayoría en contra.
Como es mi costumbre, salgo a la defensa de pobres, ausentes… y colados: sin entrar en filosofías baratas ni psicologías trasnochadas, trataré de mirar las cosas desde otro punto de vista.
Una forma sencilla que tenemos todos para colarnos son las “revistas del corazón”, cuya cúspide intelectual es el “Hola” español, seguido por una pléyade de imitadores en cada ciudad que se precie: estos esperpentos periodísticos nos dan oportunidad de ver de cerca a los famosos, los ricos y los de sangre más o menos azul.
Tenemos la impresión de asistir a la cena de gala de los Reyes de Trutenia, la presentación en sociedad de las quinceañeras de San Cristóbal del Estero, la noche de bodas de Michel Lamercier y hasta el nacimiento de su heredero (usted se preguntará quien es Michel Lamercier: es un “famoso” que vive en San Cristóbal del Estero, capital del reino de Trutenia… y se casó con la estrellita de cine Yuyú Chinchilla).
A la semana siguiente, cambian las fotos y los nombres, pero el argumento sigue siendo el mismo, y usted sigue ilusionándose que estuvo.
No sea que le pase lo que a ese consuetudinario colado de los cócteles diplomáticos en Bogotá, que terminó siendo secuestrado en un copamiento y se tragó varias semanas en la embajada, compartiendo con los insoportablemente y verdaderamente famosos, que hablaban entre ellos pero a él, ni la hora…
También están los colados involuntarios: una vez llegué en horario a una misa de esponsales en Lima, me presenté a los padres de los felices contrayentes y entregué discretamente un sobre con el regalo: sucede que no sabía que las bodas en Lima se celebrar un par de horas más tarde de lo anunciado. Lo peor es que no supe como recuperar el sobre y los novios tan felices por haber recibido un inesperado cheque de un embajador desconocido. ¡Todo por llegar puntual!
Sobre los colados profesionales – “perejiles”, etc; ver nota anterior – también hay un comentario positivo: en otra de las capitales, un grupo de estos frecuentadores de ágapes ajenos organizó una fiestita, creo que de fin de año, o algo por el estilo. Ni cortos ni perezosos nos organizamos varios colegas y nos metimos a manducar sus canapés y sus croquetas en una especie de acto reivindicatorio: tú te metes en mis fiestas sin invitación, yo me meto en las tuyas.
Y el castigo no se hizo esperar: la media docena de representantes extranjeros que estábamos allí tuvimos que conversar entre nosotros, tratando de ignorar las miradas furiosas con que nos traspasaban los dueños de casa y sus amigos, ante nuestro descaro de venir a donde no nos habían invitado: no estoy seguro de quién se vengó de quién, pero el ambiente estaba más que tenso hasta que discretamente nos retiramos.
Por cierto que a la primera oportunidad, los “perejiles”, “croquetas” y similares volvieron a la carga y se presentaron a comer gratis: ser colado – insisto – es una vocación vital, una filosofía de supervivencia.
Leyendo tus deliciosos comentarios tengo la sensacion de estar reviviendo mis propias experiencias. Buenisima tu nota Joel!
Como sueles conseguir habitualmente en tu brillantes comentarios, también en esta ocasión sugieres hilos colaterales de explotación muy seductores, como por ejemplo, ese filón inagotable que son las revistas del corazón. En concreto, hoy me has inspirado un tema que me atrevería a estimular en tu rozagante imaginación.
Se trata de ese impagable catálogo de sugerencias, para apelativos de perros y otras mascotas, que son los nombres habituales de los famosos protagonistas de la crónica “social”.( vease Yuyú…)
¡Feliz año 2011 a los dos!
Ya esta! los borre a ambos, pero como penitencia te mando una foto que saque en medio del desierto del Negev – un ejercicio de photoshop. Salu2 Joel
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Pérez anda, gil camina, todos morfan
Se estrenó este viernes “Perejiles”, un documental que trata sobre los personajes que aparecen en cada brindis o lunch de los eventos montevideanos. Trailer.
Dirigido por el Lic. Federico “Biyu” González, entrañable personaje de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación y trabajador de TV Ciudad, “Perejiles” es una mirada documental a una mini tribu urbana que asiste a cualquier evento que incluya brindis o saladitos. Se les llama “Perejiles”, según los bautizara un viejo camarógrafo, porque están en todas las comidas.
El documental ofrece una mirada inclusiva sobre el mundo de estos periodistas (o relacionistas públicos) ficticios, que parecen estar más interesados en encontrar un sentido de pertenencia que en la comida en sí. “Todos somos perejiles”, supo aclarar el director, quien logra acercarse al objeto de estudio con bastante cariño.
El documental tuvo su preestreno exclusivo este viernes en el Centro Cultural de España, que en un comunicado expresó: “‘Perejiles’ muestra una realidad de la que poco se sabe fuera del contexto de la prensa, y a su vez es universal: en Italia los perejiles son prezzemolo, en Alemania son Schnorrer y en España, canaperos”. Este documental participará en varios festivales internacionales
visiten esta página y verán algo mas de los perejiles.