Revolución en mi pueblito

Como dirán en su momento los historiadores, las condiciones estaban dadas, pero nadie se había dado cuenta todavía: las aguas del jacuzzi estaban calientes y agitadas – metafóricamente hablando – y los miembros del parlamento habían juntado frustración y descontento justificado, cada uno en su perspectiva.

Me refiero al Parlamento de los Jubilados del Jacuzzi, institución de la que ya comenté en varias oportunidades a mis fieles y leales lectores – cualquier insinuación a circunstancias cercanas en la región es puramente casual.

Hilik, por ejemplo, estaba bastante despechado por la falta de entusiasmo con que fue recibida la noticia del nacimiento de su nuevo nieto, a decir verdad, el tercero este año; su morriña lo tenía callado en su silla de plástico, un poco alejada del circulo de los jubilados.

Por su parte, Moshe se mantenía ajeno a la conversación, sin apartarse del grupo: su mente estaba ocupada en cómo contarle a su esposa el raspón que había hecho al parachoques de su automóvil casi nuevo, comprado de segunda mano hace menos de un mes.

El peso de la discusión lo llevaban Shmulik “El Grande” y Simón “El Chico”, quejándose de la baja temperatura de la piscina: Shmulik decía que estaba demasiado fría, Simón que demasiado caliente, y la bronca subía de tonos por momentos: “¡Hay que quejarse a la Gerente!”, decía uno, a lo que otro contestaba “Ya lo intentamos ayer, y no nos quiso ni atender”, a lo que un tercero agregó, con sorna: “Estaba muy ocupada aumentando el precio del alquiler de los armaritos del vestuario”. Sonrisa sarcástica de todos.

El tema de los precios cundió rápidamente: que el café en el barcito subió a casi el doble en un año, que los helados en el verano estaban inalcanzables, que la cuota en el gimnasio del pueblo vecino era menor…

Iosi el gordo abrió por fin la boca: “¡Tendríamos que hacer lo que hicieron los del pueblito vecino: una manifestación en la plaza! Ellos fueron a la plaza frente a la alcaldía e hicieron salir al alcalde a pactar; así consiguieron congelar el costo para los jubilados”.

Silencio profundo.

Shumulik “El Grande” asintió: “Buena idea, pero, con esta llovizna, ¿quién va a salir a la plaza?, a lo que Simón “El Chico” – que siempre lo apoya en sus opiniones – agregó – “La llovizna no es nada, lo malo es que en la calle hace bastante frío”.

“Ya que hacemos una manifestación – acotó Moshe, rompiendo su mutismo – que sea también contra los que conducen sin cuidado por las avenidas”. Volvió a cerrar herméticamente la boca, sumido en sus pensamientos macabros sobre choques, accidentes y desastres viales.

Iosi insistió: “Miren lo que pasa en otros lados: si no hay protesta, no hay cambios. En el club de jubilados, conseguimos que cambien la maestra de bordado gracias a la carta que mandó mi esposa…”

“Con la lluvia nadie va a venir; ¡mejor una carta! ¿Alguien tiene papel?” resumió Shmulik, y Simon agregó “¿Y un lápiz?.

Hilik, desde su asiento alejado, apostilló: “Frente a nuestra alcaldía, de todos modos, no hay plaza, apenas un cuadrado de grama con un cartel ‘Prohibido Pisar’”.

Esta vez no hubo revolución en mi pueblito.

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7 Respuestas a Revolución en mi pueblito

  1. El gordo Iosi, asi nombrado en la cronica, fallo en diferenciar la teoria pura , con la realidad fisica circundante. O sea, desvio lo que era un ejercicio en quejas y gruñidos, a una palestra que exigia el desplazamiento fisico de parte o todo el cuerpo de los participantes- con el consiguiente gasto de energia .

    Si todos fueramos como Iosi, asesinariamos al rezongo teorico y a si mismo a la vez a la Filosofia Teorica. Lamentablemente asi cambiariamos la realidad y no tendriamos temas de insatisfaccion.
    Uf! que aburrido seria!!

  2. buen cuento para pensar un poco sobre las distintas posiciones de los integrante del pueblo (me imagino que seran muchos mas)

  3. ¡Yo quiero irme a tu pueblito ! ¿No me haríais un huequecito ?

  4. No quiero ser obsecuente Joel pero, porque no escribis algo mal asi puedo criticarte? Me divierten mucho tus comentarios tanto los serios como los banales. Como me comento alguien, las disquisiciones oscilan entre lo filosofico y lo sifilitico. Los tuyos son todos buenos.

  5. A proposito de tus cuentos, la semana pasada estuve en MVD y me acorde de vos. Un poco aburrido el ambiente. Pero sabes algo? Ahora no me parece tanto como lo fue en mi primer destino en los 67/68. En aquella epoca era un plomazo,…y yo tenia 24 anios!!!

  6. con tu relato vi la situacion como una pelicula….y me imagino todos los perosnajes incluso los que no hablarony escuchaban volvieron a casa dicendo “hay que…” pero nadie “hizo que…”
    para revolucion hace falta tener menos de 25 anos despues de esa edad para cualquier cambio metes la mano en la billatera….

  7. sobre la fiaca cosa normal en los argentino y uruguayos, si uno no tiene ganas de haceer algo por ej. escribir ,limpiar u hacer una torta de miel al uso nostro esta muy bien tener fiaca despues se pasa y haces todas las cosas juntas,sobre el cuento ya lo habia leido y comentado,feliz pesaj para todos luba

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