Archivo mensual: abril 2011

Odisea en los cables (Parte 1)

La Ministra de Cultura sugirió taxativamente: “¡Debemos pasarnos de Hip a Yap!” indicando con ello que las películas que pasa la TV por cables Hip son peores que las que pasa Yap, lo cual es indiscutible.

Llamamos a Yap, y en minutos se apersonó Eli el Vendedor: camisa negra de seda y jeans al tono, uñas barnizadas, cabello engominado con las puntas hacia arriba y llavero con el escudo de la prestigiosa marca de autos adecuada; ya tenía preparados los formularios a firmar y respuestas para cada pregunta: la eficiencia en persona.

El trámite sería sencillo: nosotros firmamos y “ellos” se encargan de todo: desconectar los cables de Hip e instalar los de Yap, pagar las multas devenidas por la interrupciçon de contrato con Hip y anular los pagos por la inscripción a Yap, provisión de un convertidor electrónico digital (“en lugar de la antigualla que tienen ahora”, en sus palabras), y – como regalo de bienvenida – un paquete de diez películas aún sin estrenar, más los partidos de Barcelona gratis por un año entero. De paso, una oferta genial para ahorrar los gastos de teléfono: la generosidad en su esplendor.

Toda esta retahíla, mientras dispersaba sobre la mesa formularios de varios colores, fotocopias más o menos borrosas y dos teléfonos móviles a través de los cuales desarrollaba varias conversaciones a la vez: un modelo de eficacia.

Ya mismo se comunicaba con Hip para que interrumpan el servicio – y ahorremos dinero – y con Yap para que vengan de inmediato a instalar sus aparatos, anunció como una exhalación. Y lo hizo, nomás: Prometieron venir ya mismo. Una maravilla de rapidez.

Para cualquier consulta, dijo, nos dejaría el número de su móvil, que estaba habilitado las 24 horas: la dedicación al trabajo en persona.

Al despedirse, lo acompañamos a la calle: subió a su automóvil viejo y abollado (el llavero era de adorno, aparentemente) y desapareció en la lontananza, como dice el lugar común, saludando con la mano: la juventud laboriosa en su máxima expresión.

¡En pocas horas podríamos disfrutar de las más modernas series de la TV, las mejores y más nuevas películas, los shows de los que habla todo el mundo! Acariciando estas ideas, y leyendo el lujoso prospecto de Yap (curiosamente parecido en su contenido al que teníamos ya de Hip) se nos hizo el mediodía y la tarde casi sin darnos cuenta: ¡fantástico como se pasa el tiempo!

Ya anocheciendo y sin tener novedades – a este entonces habíamos suspendido la clase de yoga, la reunión para tomar el te en casa de Anita, el partido de petanca, y la pasada por el supermercado para comprar las verduras de la cena – decidimos llamar a Eli el Vendedor, a ver qué pasaba.

Este número está fuera de servicio temporariamente y se reanudará en breves horas” nos informó una grabación. Un encomiable ejemplo de buena voluntad.

Cenamos frugalmente y vimos las noticias de la noche en el canal de Hip, miramos el final de una película vieja y nos fuimos a dormir, esperando que el nuevo día trajese novedades. La esperanza acompañó nuestros sueños.

CONTINUARA…

A pedido del amable público

Retorno al blog después de una prolongada ausencia… nunca te disculpes, nunca te expliques, dice el refrán de los políticos, pero no es mi caso.

He sufrido un fuerte ataque de pereza estructural, enfermedad caracterizada por una completa falta de motivación (en este caso para escribir), combinada con una impostergable ansiedad de hacer otras cosas – o no hacer nada – y el siempre insaciado deseo de hallar una excusa para buscar otras excusas.

En una palabra, que solo la jerga que se habla en Buenos Aires y aledaños puede expresar, estuve con fiaca.

Como parte de mis fieles y leales lectores se preocuparon y me lo hicieron saber – sin llegar al extremo de mandar mails, simplemente cuando las casualidades de la web lo permitían – me veo en la obligación moral, que no es compulsión hasta ahora, de retomar el contacto… y romper la fiaca.

Para aquellos lectores y amigos de mis lectores que no saben aún de qué se trata la FIACA – porque es obvio que mis seguidores de desparraman por todo el continente americano, incluyendo penínsulas europeas y regiones mesorientales (¡y hasta la propia Tailandia, que los hay!) y no necesariamente conocen ese preciso término – lo explicaré, o intentaré hacerlo.

FIACA es un sentimiento de “dolce fare niente”, que no incluye la culpa, el arrepentimiento ni el disimulo.

No es echarse en la arena sobre una toalla y escuchar el sonido de las olas… eso requiere ir a la playa, y si uno tiene fiaca no va a ningun lado. Tampoco es estar sentado en el balcón y no leer el libro que uno tiene en las manos… eso demandaría haber buscado el libro, salido al balcón y un largo etcétera de cosas que uno tiene fiaca de hacer.

El aparato de congelar el idioma – diccionario de la Real Academia de la Lengua – define a la fiaca como adjetivo, en primer lugar: “1. adjetivo coloquial usado en Argentina: Perezoso, indolente, desganado”, agregando luego “U. t. c. sust..”, que significa úsase también como sustantivo.

¿Quién soy yo para discutir con la RALE y disentir con su flagrante desconocimiento de la fiaca? ¡Ante todo, la fiaca no es un adjetivo! No existe un perro, un automóvil, un individuo fiaca, la fiaca es una cosa en sí, un fenómeno ontológico sobre el que reflexionar o filosofar, y no una etiqueta que se agrega a algo. Es primero que nada un algo que se tiene o no, es decir, un sustantivo, como un avisado y anónimo comentarista incluyó en la red, el viernes 7 de febrero de 2010 a las 11,17 de la mañana:
· La fiaca es la flojera, la pereza, el desgano. No es depresión, es solamente pereza de hacer cosas, aun de levantarte. Típico del sábado, cuando no te bañas, te quedas en pijamas, no te lavas los dientes y andas despeinado y apestoso por toda la casa todo el día. Eso, eso es fiaca jeje.

Señor Anónimo: usted que escribió tantos aforismos inmortales, tantos poemas profundos, tantas canciones inolvidables, no puede ser autor de semejante memez (por no decir tontera, que queda cutre): la fiaca no es mugre, desaliño o apestosidad: en todo caso, un ciudadano con fiaca escatológica puede caer – o no – en la suciedad o el descuido personal, pero éstos son consecuencia del fenómeno, no el fenómeno en sí: razonemos razonablemente.

Empero, el “jeje” final lo redime: porque la fiaca es un sentimiento, en el fondo, festivo y alegre y – citándome a mí mismo – tiene la ventaja de no generar culpa.